De la sobreprotección a
una protección saludable
Todos
los niños necesitan del cuidado, la protección y
sobre todo del amor de sus padres para crecer saludablemente,
pero cuando se excede en los cuidados y la protección es
en demasía las consecuencias pueden ser otras a las deseadas
por los papás.
El camino hacia la autonomía e independencia de los niños
es todo un recorrido a construir entre padres e hijos, aún
antes del nacimiento, y esto dependerá fundamentalmente
de la posición que cada padre tome ante la vida, ya que
la familia es la principal matriz en la formación y constitución
de los pequeños, es aquella que dona las principales herramientas
para la vida, que fortalecerán y enriquecerán, otorgándole
seguridad y confianza en si mismos, habilitándolos (y esto
es lo esperable) hacia el camino de su propia individualidad apropiándose
de esta manera de su propia vida, preparándolos para los
desafíos de la vida misma, esto es posible si sus vínculos
iniciales han fomentado la apertura de este camino, sosteniéndolos
y acompañándolos en las nuevas adquisiciones logradas
de acuerdo a su edad y capacidades.
Las conductas sobreprotectoras son aquellas que protegen a un
niño mas de lo que el necesita, no permitiéndole
que desarrolle determinadas actividades por si mismo, ya sea porque
se lo considera mas chico de lo que es, evaluando que todavía
no puede, apareciendo falta de confianza en los recursos que tiene
para hacer frente a determinadas situaciones, sobredimensionando
peligros externos, queriendo ahorrarles frustraciones, sufrimiento
y no pudiendo medir en algunas circunstancias lo perjudicial que
esto resulta para los niños, aunque la intención
de los papás es estar haciendo lo mejor para sus hijos,
y con todo su amor.
La demasía en la protección genera en los niños
un estado de paralización ante la resolución de
situaciones, no pudiendo emitir opiniones propias ni resolver
situaciones conflictivas, necesitando de la presencia de un adulto
que lo guié o de un compañero que se transforme
en portavoz de ellos, creen que solos no pueden, y esto trae aparejado
una baja autoestima, inseguridades, apareciendo signos de retraimiento,
timidez, condicionando el lazo social. En algunos casos desencadenan
trastornos de ansiedad en la separación y desprendimiento
de los padres, ya que no se sienten seguros de si mismos cuando
están solos.
Ya hemos enunciado que son las conductas sobreprotectoras y sus
consecuencias en los niños ahora nos detendremos en cuales
son los caminos posibles para modificarlas, luego que los padres
hayan realizados el registro de que algo no esta funcionando saludablemente.
En primera instancia es importante evaluar y revisar las posiciones
y actitudes de los papás frente a la educación y
la vida de sus hijos, esto no es sin movilizaciones, ni dolor,
pero debemos tomar el desafió de estimular y fomentar la
progresiva autonomía de los chicos considerando las diferentes
etapas evolutivas y madurativas de cada niño en particular,
ayudando a nuestros pequeños "a crecer".
Es importante mostrarles el mundo como atractivo y seductor para
que el niño se aventure a conocerlo, explorarlo, descubrirlo
y que no lo viva sólo como peligroso, pudiendo satisfacer
también en el afuera sus necesidades mas allá de
lo familiar.
Los papás deben colaborar en elevar su autoestima, la confianza
y seguridad en si mismos, apostando a que ellos pueden, que si
ellos se equivocan en alguna situación no pasa nada, que
se puede volver a empezar, no inhibir, ni ridiculizar, ni ahogarlos
con presiones, habilitarlos en sus posibilidades acentuando sus
características positivas, hacer que se sientan útil
y necesarios, atribuirles responsabilidades y roles importantes.
Con mucho amor y esfuerzo de ambas partes, estas actitudes irán
modificándose y resolviéndose satisfactoriamente
en pos de la salud psíquica de los niños.
Los saluda
Lic. Mariana. E. Miguez, Psicóloga. M.N: 20.577 - M.P:
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