Límites
claros, niños seguros.
"Pertenezco
a lo amado, veo los dos mundos como uno, y para ese uno, primero,
último, fuera, dentro, sólo importa este ser humano
que alienta."
Rumi
Hay diferentes
formas de educar a los niños o jóvenes, de acuerdo
a las condiciones, posibilidades y preferencias de los educadores.
Somos educadores: mamá, papá, abuelos, tíos,
maestros, todas las personas que tienen una relación con
los más pequeños.
De modo conciente o sin darnos cuenta, dejamos una huella en el
niño, por eso es necesario reflexionar acerca de esto.
He observado a adultos que conversan delante de sus hijos sobre
cualquier tema, sin tener en cuenta que los pequeños están
presentes, como si los chicos pudieran recibir cualquier tipo
de información sin ser afectados por ella. No importa que
el chico no comprenda lógicamente aquello que decimos,
puede captarlo de otra manera y aunque no entienda las palabras
que usamos, recibe la vibración que nuestro discurso contiene,
decodifica el lenguaje gestual y soporta su carga emocional, que
en ocasiones no puede asimilar. Los chicos escuchan e interpretan
como pueden. Algunos grandes dan por descontado que ellos no entienden
y por esto se los involucra en preocupaciones o problemas que
son de los adultos.
Cada día es más necesario prestar atención
a la educación de los niños, para ir descubriendo
junto a ellos formas educativas adecuadas y positivas que les
permitan desarrollarse integralmente.
Los niños hoy son muy autodeterminados y tenemos que hallar
un equilibrio entre su necesidad de autoafirmación y los
límites que necesariamente debemos plantearles.
Los límites les permiten saber hasta dónde pueden
llegar y acotan su mundo, brindándoles seguridad y protegiéndolos
de peligros. Un niño al cual no se le ofrecen límites
claros suele tener muchas dificultades para: aprender, vincularse
con otros chicos o adultos y también puede manifestar trastornos
de adaptación social.
Muchas veces los chicos manifiestan una conducta tiránica,
que oculta su temor ante la inadecuada exigencia a la que se los
somete, cuando sus cuidadores están ausentes, aunque pueden
estar presentes físicamente, porque son muy permisivos
o están absorbidos por sus quehaceres o problemáticas.
Dejar hacer al niño asistido por un adulto le permite crecer
en libertad. Exponerlo a exigencias prematuras lo ata.
Los niños no son adultos, poco a poco van desarrollando
sus posibilidades y para hacerlo deben apoyarse en quienes tenemos
que cuidarlos. Límites adecuados favorecen una maduración
equilibrada, pero eso sólo no alcanza. Al mismo tiempo
que les ofrecemos un lugar seguro y todos los cuidados que les
son imprescindibles, es necesario brindarles espacios que faciliten
su autoexpresión.
Los chicos que canalizan adecuadamente sus energías, pueden
conectarse con sus capacidades actuales y potenciales.
Juego y aprendizaje están unidos, por eso el juego tiene
un lugar de privilegio. Un niño que no juega no puede aprender
ni ser creativo. El encuentro con adultos que reconocen su necesidad
de expresión y les ofrecen herramientas, guiándolos
cuando ellos lo requieren, respetando sus tiempos, conteniéndolos
afectivamente, los beneficia permitiéndoles autoafirmarse
y facilita el desenvolvimiento de su creatividad y su desarrollo
armónico.
Prof y Lic. Graciela Croatto (UBA. Autora de: "Aprender con
los Niños Nuevos" y "CuentoSueños para
los niños cristal" - www.aprenderninosnuevos.com.ar |