Adopción:
El maravilloso
desafió de ser papás.
Mas
allá de todos los miedos, temores y prejuicios en torno
a la adopción de un niño, debemos detenernos principalmente
en el deseo, si en el deseo de estos padres tanto adoptivos, como
biológicos de tener un hijo, un hijo que tenga un lugar,
un lugar donde esa otra personita sea amada, cuidada, amparada,
recibida, adoptada simbólicamente, donde tanto padres como
hijos se adopten, se reciban construyendo un lazo, un vínculo
inalterable profundo, único, condición indispensable
para asumir la función de la paternidad y la maternidad,
mas allá de la situación originaria es fundamental
que se constituya en cada uno de los padres este movimiento psíquico
de apropiación y compromiso en torno al nuevo ser que está
por llegar.
Señalo fundamentalmente este acto psíquico que se
debe constituir en cada uno de los padres para que los niños
sean alojados verdaderamente y no sientan el desarraigo que tan
frecuentemente se ve en la sociedad, donde los niños padecen
de no ser alojados en el deseo de los padres, donde la crianza
y la educación de los pequeños son delegadas y depositada
en otros ya sean familiares (abuelos, tíos, hermanos mayores)
o instituciones.
Es importante desmitificar las creencias en torno a la adopción,
en primera instancia la fantasía que tienen muchos papás
adoptivos con respecto a develar la verdad de sus orígenes
por miedo a ser "dejados", "rechazados por sus
hijos", si se ha constituido un vínculo sólido,
donde prima el amor, el cariño, la contención y
la estabilidad emocional, esto no acontecerá, los hijos
pueden saciar este saber, por su curiosidad natural sobre quienes
fueron sus padres biológicos, (ya que todos tenemos derechos
a conocer nuestra historia y origen), lo cual no implica que se
desvinculen y se vayan de sus casas, generalmente se intensifica
el lazo afectivo con sus padres adoptivos.
Otra creencia es que la adopción será una carga
traumática de por vida para el niño y que por ello
"siempre tendrá problemas en su vida emocional",
considero que el acto de adopción es reparador de un suceso
inicial como fue el abandono del niño, siempre y cuando
encuentre en el seno de la nueva familia un espacio de amor, protección
y el compromiso ineludible de una paternidad responsable, los
niños adoptados pueden ser más vulnerables que otros
en situaciones de perdidas y separaciones, necesitando del tiempo
para procesarlas y de la presencia y la ayuda incondicional de
sus papás, lo cual no implica que sea un daño irreparable.
Ante la pregunta de ¿Cómo y cuando decirle a un
hijo que es adoptado? depende de cada familia y de cada padre
en lo personal, lo aconsejable es que se realice de la forma más
simple y natural posible, incorporando el término adopción
desde la llegada del niño a la casa, siendo este un bebé
o un niño de más edad, si esta palabra se naturaliza
en el discurso de toda la familia incluyendo a los abuelos, tíos,
amigos, escuela se va perdiendo el miedo de a poco y nos vamos
introduciendo en el tema utilizando frases como "Cuando te
trajimos a casa...." "Cuando llegaste a nuestro hogar...."
mencionando todo el tiempo que se lo espero, el lugar que ocupa
dentro de los papás, los preparativos ante su llegada,
y el fuerte deseo de tener un hijo y todo el amor que rodeaba
este momento, de esta manera los niños cuando tengan la
capacidad de comprender valoran la función de ser padres
más allá de la gestación biológica.
Alrededor de los 3 o 4 años con el surgimiento de sus nuevos
intereses acerca del origen de los niños, la curiosidad
sexual, su pulsión por saber, seria el momento adecuado
para comenzar a "hablar del tema", considerando la madurez
del niño, su desarrollo psico-emocional, manejo del lenguaje
y su capacidad para comprender. Contarles por ejemplo que no estuvo
en la panza de su mamá sino en la panza de otra señora
que por algún motivo no pudo criarlo y lo dio en adopción,
sabiendo el niño que sus nuevos padres lo eligieron por
amor.
Es fundamental que las respuestas sean claras y sencillas ya que
estas tranquilizan y dan seguridad al niño y los habilitan
a seguir preguntando sin temor a incomodar a los padres.
Las mentiras, ocultamientos sobre su origen, obstaculizan el desarrollo
psico-emocional del niño, produciendo inhibiciones en su
capacidad para aprender, si se habilita este espacio de diálogo
los niños seguirán preguntando en la medida que
lo necesiten, y si el tema de la adopción se toma con naturalidad
los niños lo viven del mismo modo.
Debiendo destacar que lo más importante en esta historia
es el encuentro verdadero entre unos padres deseosos de un hijo
y un hijo añorando un hogar que lo cobije.
Los saluda
Lic. Mariana E.Miguez - Psicóloga - M.N. 20.577 - M.P.
82.187
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