Reflexionando con nuestros hijos.
Todos los niños
nacen con el deseo de saber, de pequeños ya tienen una
actitud de indagación frente al mundo que los rodea, observan
todo con atención, intentan tocar y acercarse a las cosas
a través de los sentidos. Con la llegada del lenguaje tienen
una herramienta más para descubrir el mundo, comienzan
a realizar preguntar sobre ellos y todo aquello que los rodea.
Muchas veces nos sorprenden a los adultos con preguntas para las
cuales no tenemos respuestas, o si las tenemos no sabemos como
transmitir esa información, es entonces cuando nos preguntamos
como hacer para mantener viva la curiosidad innata de los chicos
y ayudarlos a desarrollar su capacidad de pensamiento para que
ellos mismos puedan encontrar sus propias respuestas a preguntas
como ¿por qué existe gente pobre?, ¿qué
es ser una buena persona?, ¿qué es la felicidad?,
¿qué sucede cuando alguien se muere?, y tantas otras
que podríamos agregar y convertir esta nota en una lista
interminable de interrogantes.
Muchos psicólogos opinan que el adulto debe devolver la
pregunta al niño e invitarlo a buscar juntos una respuesta,
tratando de mantener viva la curiosidad innata de los chicos y
no brindándole una respuesta cerrada como si se tratara
de una verdad absoluta. Sucede a menudo que los grandes tendemos
a darles información innecesaria o con términos
demasiados científicos con los cuales no satisfacemos la
necesidad del niño y nos perdemos la oportunidad de poder
reflexionar con ellos y descubrir que idea pueden tener ellos
sobre lo que acaban de preguntar.
Hay temas como la muerte, el sexo, las drogas, la guerra que son
muy movilizantes, porque siempre existe el misterio de hasta donde
quieren saber, lo mejor en estos casos es preguntar ¿por
qué te surgió esta inquietud?, antes de embarcarse
en una respuesta complicada que al chico no le sirve de nada.
Tal vez, si dejamos que desarrolle su planteo y le genere tranquilidad
poder hablar del tema sea más fácil para nosotros
poder ayudarlo a encontrar la verdad que está buscando.
Poder compartir con nuestros hijos el camino que van recorriendo
para descubrir el mundo es fascinante, los protagonistas son ellos,
seamos sus compañeros de ruta, no yendo adelante, sino
al lado, juntos, de la mano.
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