Vicisitudes del inicio del ciclo lectivo.
"Y,
en definitiva ¿no constituyen nuestros hijos nuestro único
acceso a la inmortalidad?"
Sigmund Freud.
Comienzan
las clases y éste acontecimiento tan esperado y deseado,
promueve una serie de movilizaciones, miedos y ansiedades.
El ingreso al jardín, la llegada del preescolar, el comienzo
de primer grado, son todas instancias que van marcando que algo
esta cambiando, un registro de algo diferente comienza circular
entre nosotros: NUESTROS HIJOS ESTAN CRECIENDO y con ellos su
espectro de experiencias y necesidades se van ampliando.
La adquisición del lenguaje, el control de esfínteres,
el aprendizaje de la lecto-escritura, son como hilos que van dejando
cada vez más atrás, la fantasía del eterno
bebé, que nos aseguraba el absoluto patrimonio sobre nuestros
hijos.
Por otro lado, con el ingreso al jardín o escuela, las
funciones parentales comienzan a ser ocupadas, en parte, por la
institución pedagógica, transformándose en
el "segundo hogar" y en donde los maestros, pasan a
ser representantes directos de los padres.
Esta nueva realidad, sin duda amenazante, genera un gran impacto
y conmoción, que cada papá deberá elaborar
para permitir el pasaje del niño al mundo que excede a
lo exclusivamente familiar. De esta elaboración que sin
duda implica un duelo, depende la tan mencionada "adaptación",
cuanto más allanemos el camino de salida al mundo, más
fácil será la inclusión del niño en
su nuevo entorno. Ahora bien, elaborar supone trabajar sobre aquellos
mecanismos inconscientes que nos generan obstáculo, trabajar
con nuestros miedos, fantasmas, inseguridades, para poder brindarle
a nuestros hijos, las herramientas necesarias para ir forjándose
como seres libres e independientes.
Esta elaboración que sin duda es dual, supone la posibilidad
de separarse, para luego reencontrarse, con el regocijo que esto
supone, salvaguardándose de quedar perdidos en ese "exceso
de amor ilimitado" donde la posibilidad de crecimiento e
independencia queda absolutamente consumida.
Sin duda, cada familia transitará su propia experiencia
en este proceso, que estará delimitado por la historia
particular de cada uno de sus integrantes.
El ingreso al sistema educativo, el crecimiento, la separación
supone, complejas situaciones emocionales y psicológicas
que involucran tanto al niño como a la familia. Cada acontecimiento
en la vida de nuestros hijos, nos impulsa a introducirnos en su
mágico e inteligente laberinto de la infancia, donde el
niño con su funcionamiento de hijo nos ubica en una posición
que desconocemos y que debemos construir, partiendo de nuestros
interrogantes, temores, inseguridades y fantasmas.
Lic. Rosana Arduca. Psicóloga. MN 22914 - MP 81236 |